Tras un largo recorrido profesional, la vida de Chus Sande dio un vuelco en el año 2000 para convertir su gran pasión en profesión: la cocina. De espíritu pionero y completamente autodidacta en sus inicios, fundó un negocio de comida casera para llevar en la comarca del Barbanza. Su incansable curiosidad la llevó a formarse en gastronomía, seguridad alimentaria y ecología, compartiendo más tarde ese conocimiento como docente e inculcando siempre el gusto por las cosas bien hechas.

En 2014, tras colaborar en una panadería tradicional, decidió abrir las puertas de su propio proyecto: Chus Sande Obrador Artesanal, una aventura gastronómica dedicada por entero al extenso y vivo mundo de las masas y la repostería artesana.

Noches de invierno, harina fina y el molino comunitario

Tras las cosechas de maíz, centeno y trigo, el punto de encuentro era el molino comunitario, a menudo de noche. Allí, la harina más fina que caía al borde se reservaba para los dulces más exquisitos, mientras el resto se tamizaba con paciencia para el pan de casa.

Era una economía del respeto, donde la masa madre se pedía prestada al vecino y se devolvía en forma de masa fresca para que nunca muriese. Un ecosistema vivo donde toda la aldea compartía el mismo origen.

Nuestro compromiso

El consumidor actual busca cosas nuevas, y nuestro secreto es que siempre las elaboramos desde la sencillez de nuestra cultura gastronómica, respetando los productos y la forma de elaborarlos.